Miami 13 de Abril de 1.988
Padre
JOSÉ RAMÓN SABOGAL SUBDIRECTOR GENERAL DE ACPO, Bogotá
Apreciado José Ramón:
Cuánta alegría siento por tus aniversarios de plenitud y acción educadora en ACPO. Te felicito y te acompaño, así como a tus compañeros de trabajo y a tus “viejos queridos”.
Como ahora estoy dedicado principalmente a escribir, permíteme unos avances de ciertas tesis, las cuales serán contenidas de esos libros. Lo hago porque esta fiesta invita a destacar, en tu honor, algunas de nuestras ideas por decenios maduradas.
Los predicadores en el época de la conquista, atrajeron la fe de los indios y mezclaron las costumbres cristianas con las férreas tradiciones precolombinas. Se produjo así, en nuestros pueblos y aldeas, 500 años atrás, la llamada “fe del carbonero”. Ceremoniales, de acuerdo con las enseñanzas de la moral y las virtudes cristianas invadían el Nuevo Mundo y penetraban en las costumbres de los aborígenes, manteniendo sus tradiciones agrícolas y sus organizaciones comunales.
Tú has pasado 40 años de tu admirable sacerdocio en la revolución de tu predicación, en donde la misma moral, virtudes cristianas y fe del pueblo las transformas, entre otras, en la dinámica del progreso, del desarrollo económico, de las organizaciones comunitarias, del acueducto casero, de la electrificación, del arreglo de la vivienda, de la recreación, del teatro campesino, del domingo cristiano y el almuerzo en familia, del doble de bienes y la plaza de mercado, del Obispo pastor y el nuevo municipio, de tus “viejos queridos”.
Desde cuando se inició esta obra pionera en la educación a distancia, millares de oyentes y lectores de todos los rincones de nuestra Colombia, adolorida y empobrecida, se han beneficiado con la revolución de tu verbo. El impacto de tus enseñanzas ha surtido grandes efectos en tu audiencia. En aquellos que se quitan el sombrero cuando el locutor anuncia tu nombre, en los primeros oyentes que utilizaban el radio de baterías grandes, en los jóvenes de las nuevas generaciones, en las familias de “tus viejos queridos”.
La potencia electrónica de nuestras emisoras puede ser cambiada por el satélite, o por equipos multiplicadores de audiocasetes y de videos, pero la esencia del mensaje, siempre será tu palabra, tu predicación, tus ideas cristianas del desarrollo. Tu comunicación de la Educación Fundamental Integral, con las bases de la caridad de Cristo, para los tiempos actuales y sobre todo para esta cercanía a los 500 años de la venida de Colón y del año 2.000, deberá ser el fundamento del programa de desarrollo social y económico de nuestras endeudadas y empobrecidas naciones.
Cuarenta años de vida de ACPO parecen solo un sueño en esta equivocada etapa de nuestra historia en relación con la búsqueda del verdadero autodesarrollo de nuestros pueblos.
El huracán de la inflación, de las profundas crisis políticas, de los desesperados e inútiles brotes de violencia en todos los estamentos sociales, envolvió también a la Fundación ACPO, en su propia crisis económica y financiera. Continuar nuestra expansión desde las generosas contribuciones de “tus viejos queridos” de Sutatenza y en la participación de las actividades educativas de tus feligreses de Titirita, se ha hecho imposible desde 1976.
La consolidación y ampliación de servicios de ACPO se estrelló con poderes e incomprensiones y su lucha, desde entonces es la de sobrevivir. Tú has sido el silencioso testigo de tantas verdades y el incansable sacerdote del ministerio de la palabra, el cual ha llevado a través de una emisora potente, pero actualmente sin recursos suficientes para comprar sus repuestos; del Semanario “El Campesino”, el cual ha disminuido su circulación; de las casi extinguidas cinco Cartillas de la EFI; y de la Biblioteca Popular, la cual en su época vendió hasta ocho mil libros diarios. Te hablo de esta obra educadora casi extinguida, porque sé que tú compartes mi angustia ya que fuiste el inspirador de tantas ideas en nuestros comités y seminarios y con tu pluma y palabra sincera, sencilla y elocuente has sido el profesor, amigo y consejero de tanta gente durante estos 40 años.
Los Artículos 3, 4 y 5 del Estatuto de ACPO, cuya custodia nos costó tantos sinsabores, y a ti casi el ostracismo, pertenecen al mandato inmodificable de nuestra Fundación Autónoma. La Ley colombiana y el Derecho Canónico defienden y protegen el cumplimiento del objetivo fundaciones. Tú con tu compañía y solidaridad fuiste mi gran colega en esta lucha.
Aparecen en ACPO, durante toda su historia, corrientes de pensamiento llamadas modernas y reformadoras, las cuales tildan de obsoleta nuestra enseñanza de la Educación Fundamental Integral para unos campesinos que dicen “ya estar modernizados”. Un analfabeta en otras épocas el cual carecía de las comodidades básicas como la electricidad, era más tolerable; pero el mismo analfabeta. Con carretera asfaltada cerca de su vivienda y con electricidad, televisión y otras comodidades, es un minusválido económica, técnica y socialmente. Cuántos millones de compatriotas así existen hoy? Para esos campesinos, el objetivo de ACPO y la educación Fundamental Integral son aún más urgentes.
Permíteme recordar en tus Aniversarios una página de la vida de ACPO, la cual es la imagen de tu propia vida de comunicador siempre antiguo y siempre NUEVO. Cuando inauguramos el Salón Marte, con la gran esperanza de que hubiera habitantes en ese planeta, nos acompañó como invitado especial Alvin Tofler. Como preparación para ese acontecimiento todo el personal de ACPO leyó el libro “El Shock del Futuro”. Luego nuestro amigo Tofler, quien ha venido más de cuarenta millones de ejemplares de su libro, nos visitaba en MEDCON en Nueva York y allí comentamos las ideas de su nuevo libro, el cual estaba preparando, “La Tercera Ola”. Nunca olvidó Tofler la síntesis de su visita a ACPO, cuyo recuerdo está en una placa en el Salón Marte:
"Nos enorgullecemos de respetar la historia, de ser eficaces en el presente y de mantener la vista y la mente en el futuro”,
Tú, José Ramón, marcarás en la historia del sacerdocio colombiano y latinoamericano este maravilloso equilibrio de tu apostolado ejemplar. Eres conocedor de la historia, predicador de hoy y con una mente abierta hacia el futuro.
Con el gran abrazo de tu amigo de siempre y las felicitaciones de quien te conoce y admira como pocos, permíteme que por primera vez coloque bajo mi firma, el nuevo título que llevaré.
Monseñor JOSÉ JOAQUÍN SALCEDO
"Fundador de Acción Cultural Popular"